Las fases de la negociación deben llegar a buen puerto antes de que finalmente culmine un proceso largo y complejo que debe beneficiar a ambos bloques

Tres son las fases de una negociación comercial internacional que pretende ser exitosa. Tal es el caso de la iniciada hace casi treinta años entre el Mercosur y la Unión Europea.

Se trata de negociaciones que aspiran a concluir con un compromiso estratégico sustentable y de mutua conveniencia. Será un compromiso que no se limite a eliminar restricciones y distorsiones que dificulten la expansión del intercambio comercial recíproco. Su principal impacto es poner en práctica preferencias comerciales compatibles con compromisos asumidos en la OMC, y condiciones estructurales que faciliten las inversiones productivas conjuntas. Y que impulsen el desarrollo de cadenas de valor y redes transnacionales de innovación en las que puedan participar protagonistas de todas las partes envueltas en la negociación.

La primera fase es la que conduce a preparar e iniciar el proceso negociador. Requiere una decisión de alto nivel político de las partes. Nadie puede ser obligado a negociar contra su voluntad. Lo razonable es suponer que, si se acepta negociar, es porque se han evaluado los posibles resultados en la perspectiva de la estrategia de inserción internacional de cada una de las partes. Es lo que se supone que hicieron tanto el Mercosur como la UE al prepararse para iniciar luego la negociación hace más de veinte años.

La segunda fase es la de la negociación propiamente dicha. Es la que no ha concluido aún (agosto 2023) entre las dos regiones. Suele desdoblarse en dos planos que pueden estar vinculados y que conviene que así sea. Uno es el que está a cargo de negociadores oficiales. Suele nutrirse de las demandas de los sectores que podrían resultar beneficiados o perjudicados, según sean los resultados de la negociación emprendida.

Esta segunda fase culmina cuando se logra un punto de equilibrio entre los intereses en juego. Pero el resultado final y aplicación práctica nunca está garantizada. Es posible, por ejemplo, que culminando con éxito la negociación, no se logre luego la necesaria aprobación parlamentaria.

Y la tercera fase es la del aprovechamiento efectivo de oportunidades resultantes del acuerdo, una vez que haya entrado en vigencia. Dependerá de lo logrado en la segunda fase de la negociación, y también de la calidad de la preparación alcanzada en los distintos sectores de producción de bienes y prestación de servicios.

La negociación Mercosur-UE comenzó a desarrollar su segunda fase a pocos años desde que se iniciara. Puede suponerse entonces que los sectores productivos han avanzado en la preparación para su aprovechamiento efectivo.

Sin embargo, del lado del Mercosur será necesario aún un esfuerzo de coordinación en la preparación para aprovechar lo que resulte de la fase negociadora, que dependerá de la articulación de intereses empresarios en los cuatro países miembros.

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