La Argentina logró un récord de envíos al exterior sumando bienes y servicios, pero, aún así genera solo un 0,31% del total de exportaciones globales

En el reciente año 2022 el planeta alcanzó el récord nominal histórico de comercio internacional: según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, (Unctad), las transacciones comerciales se acercaron a los 32 billones de dólares (sumando bienes y servicios). Ello supone además un importe de casi 10 billones de dólares por encima de los resultados obtenidos hace un decenio y 7 billones mayor al resultado prepandemia de 2019. Así, el duro impacto del Covid en el comercio parece superado.

El duro impacto del Covid en el comercio parece superado

La suma de las exportaciones planetarias en 2022 equivale al 30% del producto bruto mundial (104 billones de dólares), porcentaje que no se alcanzaba desde 2014.

Mientras, paralelamente al alza referida, durante los últimos cinco años se ha acrecentado la complejidad de la internacionalidad productiva. Según la OCDE el 70% de todo el comercio transfronterizo ocurre dentro de las llamadas cadenas internacionales de valor. Y esas redes requieren la acción basada en sólidos atributos competitivos.

Ser eficaz internacionalmente y en este contexto exigente requiere la conjunción de cuatro capacidades: microeconómica (competitividad de las empresas), mesoeconómica (la existencia -para los exportadores- de asociaciones inmediatas y cercanas que permiten soporte en la respuesta compleja), macroeconómica (un entorno de negocios ordenado) y metaeconómica (un sistema institucional que garantiza los derechos subjetivos y alienta al desarrollo -tanto local como internacional-).

En el comercio internacional se han destacado, por su volumen, algunos principales productos. En el comercio de bienes, en tres grandes tipos: los “primarios” (petróleo, gas, minerales; especialmente), los de “soporte” (envases de plástico, productos de papel y cartón) y los “calificados” (automotores y sus partes, farmacéuticos y medicamentos, electrónicos, computadoras, semiconductores). Y en el de servicios en otros tres: los de “soporte” (viajes, cargas, logística), los de “instrumentación” (jurídicos, financieros, contables, de asistencia profesional entre empresas) y los “avanzados” (software, ingeniería, propiedad intelectual, información y datos).

Los bienes y servicios interactúan sistémicamente en el planeta (ya no es demasiado precisa la separación entre ellos) y diversos estudios internacionales dan cuenta de que una buena estadística (con una adaptación metodológica que no se ha logrado aun) mostraría que la participación de bienes y servicios en el total mundial es, entre ambos, en partes iguales. Aunque una advertencia es relevante: hace muchos años que el comercio internacional de servicios crece más enérgicamente que el de bienes (en 2022; 15% contra 10%).

Por su parte, los mercados más relevantes se ubican en tres zonas principales: el este asiático, el occidente europeo y el norte de América.

La Argentina (que también logró un récord de exportaciones en 2022, con unos 100.000 millones de dólares sumando bienes y servicios) genera aun solo 0,31% del total las exportaciones planetarias.

A nosotros la realidad externa nos muestra dos caras: el comercio internacional global permanece dinámico y nos genera oportunidades (demanda), pero las exigencias nos llaman a mejorar la capacidad de nuestra participación (oferta).

Nuestra participación en los negocios globales es aún menos relevante que lo esperable. En 2022 en la Argentina se generó el 0,35% del total de comercio mundial de bienes (altamente dependiente de las agroexportaciones, que explican dos tercios de nuestro total vendido al globo -y que, a la vez, logran una incidencia en el acumulado mundial sectorial que septuplica la participación de ventas argentinas en todos los rubos-); pero en nuestro país solo se generó 0,11% del total de exportaciones planetarias de servicios (más exigentes y dinámicas en esta tercera década del siglo).

Pues, mirando ahora hacia adelante, la tantas veces propuesta (por tantos) mayor participación de empresas y productos argentinos en el comercio internacional requerirá, por ende, de la actuación renovada en base al acoplamiento a aquellas bravas condiciones globales.

Lo que exige apoyar nuestra oferta en 5 componentes críticos de la época: empresas con mayor escala, más efectiva participación de ellas en redes supranacionales de valor, mejor incorporación de intangibles que califican los productos, innovación incremental sistémica y una más alta reputación que haga elegible nuestra oferta.

Así, como poder es mucho más que querer, solo la generación de esas condiciones será una fuerza que facilite el resultado. El mundo será cada vez más complejo. Y, para obtener mejores resultados, está por delante -para nosotros- la adaptación a crecientes requisitos. Especialmente, condiciones relativas a la adaptación a tendencias de la época en tecnología, geopolítica, estándares de calidad y una instabilidad sistémica condicionante y cada vez más recurrente.

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