El problema no es el saldo entre compras y ventas sino los desequilibrios macroeconómicos; la Argentina logra un buen ingreso de divisas, pero se esfuman por otro lado

Pues, con una más amplia mirada, podría decirse que relevantes causas de la referida escasez de divisas no están allí (más bien están en otro lado): son los demás flujos (balanza de servicios, movimientos financieros, inversión extranjera directa, flujos por rentas y por transferencias internacionales, y otros movimientos de capitales) los que crean condiciones que tensionan las reservas internacionales del BCRA. Aunque deberíamos advertir que es la centralización en el BCRA de la entrada y salida de divisas las que crea la primer condición de esa tensión.

Trabajando con datos anuales de cada país de la región que provee Cepal, se infiere que el superávit comercial en la balanza de bienes en Argentina en los últimos tres años aportó un ingreso acumulado de 57 mil millones de dólares. Y que éste es el segundo mayor superávit en Latinoamérica en ese tiempo. Solo Brasil acumuló un ingreso mayor (casi US$110 mil millones), aunque debe ponderarse que Brasil logra un PBI que más que triplica al argentino.

Los demás mejores registros en el trieño (superávit acumulado) en la región son los de Chile (más de US$36 mil millones), México (más de US$32 mil millones) y Perú (más de US$20.000 millones). Nadie, pues, (excepto Brasil) supera en la suma absoluta de los últimos tres años a Argentina -en el superávit acumulado de la balanza de bienes-.

Mas aun: el superávit acumulado de la Argentina en tres años suma una cifra que equivale al 16% de todo el superávit acumulado en el periodo por toda Latinoamérica (casi 90.000 millones de dólares para la región sumado resultados de todos los países).

Por lo tanto, no puede acusarse a la Argentina de tener una insuficiente generación de dólares por la cuenta comercial. Ni, dicho sea de paso, mucho menos, de padecer un exceso de importaciones en esa cuenta: según “TheGlobalEconomy” las importaciones en el último año equivalen apenas al 15,13% del PBI, siendo éste el menor registro en todos los países de Latinoamérica en 2021.

En todo caso, si hay un problema con los resultados comerciales éstos están en la escasez en el comercio exterior total sumado (exportaciones e importaciones, de bienes y servicios): según el Banco Mundial en 2021 nuestro comercio intencional total equivalió a 33% del PBI, siendo éste el más bajo ratio en toda Latinoamérica y el Caribe a excepción de Cuba.

Luego, y más allá de eso, el problema no está en el saldo entre compras y ventas.

Otra manera de constatar lo referido surge de comparar el saldo comercial promedio de los últimos tres años en los países de Latinoamérica (según la fuente citada) con el PBI de esos países: Argentina obtiene una de las mayores ratios (superávit promedio/PBI): 3.71%. Ésta ratio es solo superada por el resultado de Uruguay (4,49%) y prácticamente equiparada por la de Chile (3,80%). La de Brasil es 2,26%; la de Paraguay es 3,43%; la de Perú es 3,04%; todas menores que en Argentina (son menores aun las de Bolivia, Ecuador y Paraguay). Puede agregarse a esto que Colombia tiene déficit comercial (también Panamá) y que Venezuela muestra registros que exhiben un holgado superávit en relación al PBI, aunque muchos estudios no computan sus números por la supuesta opacidad de algunas de sus cifras.

Y, como análisis adicional, es útil advertir que en Latinoamérica la relación entre el promedio del saldo comercial regional de los últimos tres años (superavitario) y el PBI agregado -de la región- es 0,54% (muy inferior al de Argentina, que fue 3,71%).

Así, muchos países con menor superávit comercial en la balanza de bienes no caen en la tensión cambiaria que padece la Argentina (algunos, incluso, lo logran con déficit en esta balanza). Y la Argentina ha logrado un buen ingreso comercial de divisas (el problema, más bien, es que esas divisas se esfuman por otro lado).

Podría decirse, en rigor, que la Argentina obtiene el mejor resultado regional ponderado, porque en los números absolutos solo es superada por Brasil en este saldo, pero Brasil tiene un PBI mayor que reduce la relevancia comparada de su resultado; y considerando la relación del saldo comercial con el PBI solo Uruguay y Chile mejoran el resultado argentino pero nuestra economía es mayor que las de los vecinos, lo que califica a favor del resultado argentino.

En verdad, pues, el problema no está en la balanza comercial de bienes sino en los desequilibrios macroeconómicos y las disfuncionalidades regulativas y políticas que generan resultados incómodos.

Bien podríamos vivir con un superávit menor y sin sobresaltos.

Por ende, lo aconsejable es, más que presionar sobre la balanza comercial, recuperar equilibrios en las condiciones generales de la economía y en las relaciones económicas externas para obtener una normalización en el funcionamiento sistémico. Lo que, además, incrementaría las exportaciones (que deberían ser sustancialmente mayores).

Todo ello, además, es significativo este año, cuando se reduce el superávit de la balanza de bienes comparándolo con el trieño pasado: en el primer semestre de 2022 el superávit referido solo ha llegado a unos 3.000 millones, lo que hace suponer que el saldo favorable de 2022 será de la mitad de el del año anterior.

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