Se prevé menos crecimiento mundial y un aumento alertargado del comercio internacional. Crecen fuerte los acuerdos de libre comercio a los cuales el país renuncia. Nuevo posicionamiento estratégico de los países

Marcelo Elizondo (Clarín)

Chairman del Comité Argentino de la International Chamber of Commerce (ICC) y Director de la Maestría en Dirección Estratégico-Tecnológica en el ITBA

Escribió Nietzsche que el mundo es una fuerza en desequilibrio permanente de la que el ser humano es apenas una parte.

No deberíamos, entonces, asombrarnos si iniciado 2023 las perspectivas de la economía global lo confirman. Como tampoco deberíamos los argentinos desatender los impactos que desde el resto del planeta siempre nos llegan (aunque solemos desentendernos de las relaciones causa-efecto) en medio de lo que John Chambers graficó como una “economía entretejida”.

Siempre es difícil hacer predicciones -porque es imposible conocer el futuro-. Pero pueden hacerse previsiones.

Lo que ocurra en 2023 en el mundo influirá (al menos en parte) en nuestras exportaciones e importaciones, la tasa de inversión, la situación cambiaria, el financiamiento -público y privado-, la performance económica general y nuestra evolución tecnológica. Y en los efectos varios de todo ese conjunto de variables.

El FMI prevé que la economía planetaria crecerá este año 2,7%, luego de un 3,2% en 2022. El PBI global desacelera su alza aunque superará por primera vez, por poco, los 100 billones de dólares. Lo hará con algunas evoluciones escuálidas como las previstas para los grandes: EE.UU., 1%; China, 4,4%; Japón, 1,6%, y el Reino Unido,0,3%. También habrá retrocesos en el PBI de ciertas relevantes economías como Alemania e Italia. Y otras naciones de entre las grandes que estará mejor: India exhibe un pronóstico de suba del 6,1%.

Euromonitor estima que la tasa de inflación planetaria, que llegó a 8,9% en 2022, descenderá algo, a través de los esfuerzos monetarios globales (que no son gratuitos) al 6,9%.

Un crecimiento mundial menor generará, a su vez, una desaceleración del comercio internacional,que elaño pasado –reflejó una suba del 3,5% en volúmenes- alcanzó un histórico récord de casi 32 billones de dólares (bienes más servicios). Esto supuso un importe 10 billones de dólares por encima de los resultados de un decenio atrás y casi 7 billones mayor al de prepandemia en 2019. Para 2023, la Organización Mundial del Comercio (OMC) pronostica un alza de los intercambios de solo 1%.

Ésto último es crítico para Argentina: nuestras exportaciones se dirigen a mercados que debilitan sus compras. Según la OMC, las importaciones de todo origen de Sudamérica (recibe 30% de nuestras ventas externas) se reducirán 1%, al igual que decrecerán las de Europa (-0,7%), que recibe 15% de nuestras exportaciones. Mientras, las importaciones de Asia, destino del 33% de nuestras ventas, crecerán solo 2,2% y las de Norteamérica, donde llega el 9% de nuestras ventas, apenas subirán 0,8%.

Para la economía argentina lo anterior se vincula, a la vez, con la previsión de menores precios para los commodities (que explican dos tercios del total de nuestras exportaciones). Supone Fitch Solutions que los precios de las materias primas disminuirán 6,1% interanual en 2023 luego de un crecimiento calculado en 23,8 % en 2022. } Es relevante que varios acontecimientos en materia geopolítica influirán este año en la economía global. El mundo atraviesa tiempos turbulentos y eso reduce confort para los emergentes.

Así, mientras no es claro el futuro de la guerra en Ucrania y sus efectos -que son económicamente más graves que la guerra en sí-, como las dificultades energéticas en Europa, se prevé que la FED mantendrá al alza sus tasas de interés (según Financial Times hasta 4,9% en el primer semestre), lo que mantiene fuerte al dólar contra monedas emergentes.

A su vez, el COVID sostendrá su impacto en China en la primera parte del año (¿distribuirá consecuencias fuera del gigante asiático?), mientras se consolidarán algunos riesgos por conflictos sociales -como las protestas en Irán-, a la vez que el S&P500 continuará débil y los precios de la energía permanecerán altos.

Y para la Argentina se acaba de abrir un nuevo interrogante: ¿los actuales acontecimientos políticos en Brasil serán solo un hecho pasajero o una futura limitante para la gobernabilidad del Presidente Lula da Silva? Si se trata de esto último, la performance económica de Brasil será aún menor a la (pobre) ya prevista, y Argentina sufrirá por comercio exterior, turismo receptivo, impacto de lo que ocurre en la mayor economía subcontinental en el vecindario, menos inversión regional y caída en la confianza en Latinoamérica.

La geopolítica está impactando en los negocios globales. Los países están acomodándose en sus relaciones en base a vínculos redefinidos. Hoy, al menos, cuatro categorías explicitan roles: hay “aliados”, como las democracias occidentales entre sí; hay “adversarios”, como EE.UU./China o EE.UU./Irán); hay meros “clientes”, como los aliados entre sí; pero, también, como EE.UU./China) y hay países “alejados”, como los más pobres y menos relevantes. Pero en términos económicos debe advertirse que esas categorías se mezclan y la agenda privada es, en ocasiones, paralela a la pública. Y hay adversarios que son también clientes y en algún caso, además, muy relevantes clientes.

Esto ocurre porque en la economía mundial la agenda de las megaempresas imprime su propia fuerza compitiendo contra las tensiones estatales. Así, por ejemplo, mientras EE.UU. y China protagonizan una dura disputa geoestratégica, las empresas en ambos gigantes hacen a Estados Unidos el mayor cliente de China en el globo (16% de todas sus ventas), y a China el mayor cliente de EE.UU. fuera del exNAFTA (9% de todas sus ventas). En paralelo a dos gobiernos que se endurecen, ningún comercio internacional en el mundo es más relevante que el de esas dos economías entre sí.

No es lo único en la materia: las discusiones intraeuropeas sobre el abastecimiento energético y el rol de Rusia, el reciente viaje del Canciller alemán a China y el papel de ciertos países “equidistantes” en las más relevantes disputas (India, Turquía, Arabia Saudita) acreditan esta complicada superficie múltiple. Así, la política no es la única realidad: el mundo conjuga tensiones entre gobiernos con necesidades de empresas en redes globales.

Por lo demás, en el planeta continúan celebrándose acuerdos de libre comercio entre mercados varios: hubo 25 nuevos en 2021/2022 -un promedio de uno por mes en el globo-; y la cifra acumulada supera los 60 desde la irrupción del COVID en el planeta. Un dato para tener en cuetna: el más intenso actor de convenios en estos tres años fue el Reino Unido (post Brexit).

Para la Argentina el asunto no es menor. El 70% de todo el comercio planetario ocurre entre países que han reducido entre si hasta 0% sus aranceles en frontera a través de acuerdos internacionales y políticas específicas. Algo que el país no acompaña mayormente (nuestro acceso a mercados con preferencias acordadas es menor al 25% de las exportaciones), lo cual genera relevantes costos de ingreso, no solo arancelarios sino también extra-arancelarios, en nuestros mayores mercados de Asia, Europa y EE.UU.).

Esto nos traslada al desafío relativo al Mercosur y la nueva agenda de Brasil. El Mercosur es el acuerdo de integración con menos comercio internacional en relación a su PBI agregado entre los 20 mayores en el planeta. ¿Impulsará el nuevo gobierno de Brasilia una agenda externa más intensa? Un Brasil más activo, si luego de la actual crisis en Brasil se mantienen los anunciados propósitos del Presidente Lula da Silva, puede obligar a Argentina a salir de manera incómoda de su letargo en materia de negociaciones internacionales.

La Argentina apenas cuenta con 5 de las 100 mayores empresas multinacionales latinoamericanas (multilatinas) y solo ha generado 0,1% del stock de inversión extranjera directa (emisiva) hundido en el planeta. Entre nosotros apenas unas 70 empresas logran exportar más de 100 millones de dólares anuales. Y nuestra debilidad en la participación en las cadenas internacionales generadoras de valor, pervive.

En 2023 se consolidará una mayor complejidad en el funcionamiento de esos eco-sistemas que integran innovación, inversión, producción y comercio. Y se pronostica que esas redes incrementen exigencias: Julie Gerdeman, directora ejecutiva de Everstream Analytics, dice en una reciente nota de Bloomberg, en la que se anticipa la relajación del reciente estrés en las cadenas de suministros, que “vamos por el camino de la transformación” y que “la pandemia aumentó la cadencia, la variedad y la intensidad que abrumaron a un sistema que ya estaba sobrecargado, y -ahora- cuanto más rápido las empresas se involucren y aprovechen las tecnologías, más impacto y mejora podrán lograr en las cadenas de valor”.

Las cadenas internacionales de valor (el 70% de todo el comercio internacional planetario ocurre dentro de ellas, según la OCDE) continúan en una tendencia de sofisticación. Y acompañarla es un requisito para el éxito. Las exigencias se refieren a 5 tópicos críticos: respuesta tecnológica, capital humano, cumplimento de estándares de calidad, apertura e integración para la innovación transversal y legitimidad y garantía de respuesta.

Para la Argentina, además, en 2023 será relevante advertir el reacomodamiento de países y regiones al momento de prever estrategias de alianzas (considerando que este año entre nosotros debería discutirse el futuro ante las elecciones presidenciales). Y conviene, al respecto, advertirnos que entre los países más dinámicos del mundo se destaca la emergente India, ya es la quinta mayor economía del planeta, en una lista de top-15 que también incluye a Indonesia, Brasil y Corea del Sur.

Y, mientras se analiza el potencial de vínculos específicamente comerciales, conviene también evitar la nostalgia y descubrir que -por volumen de mercados- Asia y Europa decuplican, cada una, a Latinoamérica, que apenas genera 3% del comercio planetario. Hay que hacer coincidir las razones con los éxitos.

El mundo, pues, en movimiento, depara a la vez incomodidades y oportunidades. Y de nuestra predisposición dependerán los resultados.

Alguna vez aseveró Chesterton que existe algo que se llama destino, pero que también hay algo más, que se denomina albedrío; y que lo que califica al ser humano es el sabio equilibrio en esa contradicción.

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