En el marco del apoyo financiero y político histórico de Estados Unidos a la Argentina, el acuerdo comercial anunciado el jueves por la noche abre un nuevo capítulo de estas “relaciones carnales” versión 2025. El entendimiento otorga acceso preferencial a ciertos productos y una rebaja de aranceles en ciertos sectores. Además, fortalece la protección de la propiedad intelectual entre ambos países, promueve la facilitación de inversiones (minerales críticos) y esboza la voluntad de cooperación en el comercio digital y de transferencia de datos, entre otros.
“El acuerdo abre oportunidades y amenazas para los productos argentinos. Teniendo en cuenta que la Argentina es una de las economías más cerradas del mundo, en principio cualquier avance hacia la apertura provee más beneficios que riesgos en términos de apertura de mercados y competencia externa”, indica Empiria Consultores.
La firma cuya cara más visible es Hernán Lacunza, el ex ministro de Economía de Mauricio Macri, resalta que en el documento también manifiesta la postura adoptada por Argentina ante dos aspectos no triviales. Primero, indica que Argentina adoptará una prohibición a la importación de bienes producidos mediante trabajo forzoso u obligatorio (“dumpling social”), aplicando la legislación laboral vigente.
“Sin el documento final, no está claro qué impacto tendría en la práctica, pero vale recordar que gran parte de las importaciones argentinas provienen de países con legislaciones laborales que difieren de la local (China es el segundo socio comercial, Vietnam el septimo). Luego, el país se compromete a atender potenciales acciones distorsivas en empresas públicas y subsidios industriales con efectos en la relación bilateral”, remarca.
Sea como fuera, la Argentina es de las economías más cerradas del mundo: en 2024 se ubicó en el puesto 130 de 136 países, sólo por delante de países como Sudán, Etiopía o Haití. La suma de sus exportaciones e importaciones representa el 28% del PBI, frente a un promedio regional de 64%. Calcula Empiria que para países con ingreso comparable al nuestro, el nivel de apertura ronda el 90% del PBI, lo que implicaría en Argentina exportaciones por US$ 311.000 millones (vs. 97.000 millones) e importaciones por US$ 260.000 millones (vs. 82.000 millones). “Dado ese punto de partida, todo acuerdo que facilite nuestras exportaciones y simplifique las importaciones será un movimiento en el sentido correcto”, agregan.
Además, la consultora de Lacunza elaboró un índice de complementariedad comercial que mide las sinergias existentes entre la estructura exportadora (importadora) argentina y la importadora (exportadora) de sus socios. Estructuras comerciales complementarias son aquellas que importan (exportan) los productos que Argentina exporta (importa) en proporciones similares, lo que implicaría un punto de partida propicio sobre el cual montar un acuerdo comercial que pueda explotar dicha interdependencia. Un valor de 100% del índice implica complementariedad total —es decir, idéntica estructura comercial—, y 0% lo contrario. El índice lo estimaron para 2024, agrupando los bienes según los 99 capítulos del Sistema Armonizado (clasificación HS-2).
“El índice general surge de un promedio simple entre la complementariedad de las exportaciones argentinas (con las importaciones de sus socios) y el de las importaciones (con las exportaciones de sus socios). Los resultados muestran niveles de complementariedad de 59% con Alemania, 57% con España y 54% con Estados Unidos. China se ubica en el sexto lugar, con 48%”, afirma Empiria.
En términos de la relación bilateral con EE. UU., en los últimos 12 meses, el volumen de comercio de Argentina con ese país orilla los US$ 14.000 millones, con exportaciones por US$ 7.400 millones e importaciones por US$ 6.500 millones, con un saldo casi neutro (US$ +875 millones).
“En este contexto, las oportunidades vendrían por el compromiso de Estados Unidos a eliminar aranceles y barreras a ciertos recursos naturales, como también a la eliminación de aranceles a productos no patentados para el uso farmacéutico. Por otra parte, se compromete a revisar la sección 232 de su ley comercial, que establece tarifas a productos de acero y aluminio (las más protegidas)”, dice Empiria.
“También menciona la posibilidad de mejorar las condiciones para el comercio bilateral de carne. Este sector representa el 4% de las exportaciones argentinas y podría incrementar su peso en las importaciones americanas de concretarse el acuerdo”, recuerda.
En sentido contrario, Empiria afirma que el acuerdo no está exento de sectores con desafíos, ya que establece acceso preferencial en Argentina para bienes estadounidenses de: productos medicinales, químicos, maquinaria, tecnología, aparatos médicos, vehículos y productos agropecuarios. Adicionalmente, se compromete a eliminar las barreras y procesos para ciertos productos lácteos, cárnicos y avícolas. Además, Argentina se compromete a eliminar la tasa estadística para los bienes estadounidenses.
Por Leandro Gabin (El Economista)

