La sequía, las restricciones a las importaciones, la desaceleración del crecimiento y la reducción de ingresos explican la pérdida de impulso en la economía real. Sin embargo, existen ciertos factores que podrían ser oportunidades para actividades determinadas

El 2022 termina así: con una economía que creció al 5,5% pero que ya comenzó a dar señales de desaceleración –el último EMAE fue negativo en 0.3%– un consumo que aumentó el 9%; pero también una inflación mensual que duplicó su ritmo (99,6%).
Para 2023, las perspectivas no mejorarán en ninguna de sus variables: la economía apenas crecerá (1%), el consumo acompañará esa dinámica (+1,7%) y la inflación se mantendrá muy elevada (85,5%), según estimaciones de ABECEB dadas a conocer recientemente.
  1. devaluar al ritmo de la inflación,
  2. tasas reales más altas y
  3. minuciosa política de administración de las cantidades de dólares e incentivos puntuales al ingreso de divisas.

A nivel sectorial, el panorama es cada vez más heterogéneo pero la macro los condiciona a todos (incluso a los más dinámicos) y las inversiones están en “wait & see”. El denominador común es que, hasta los que fueron motores del crecimiento durante este año, perderán combustible en 2023.

La sequía, las fuertes restricciones a las importaciones, la desaceleración del crecimiento, la reducción de ingresos y, por ende, del consumo, son los factores directos que explican la pérdida de impulso en la economía real.

Sin embargo, existen ciertos factores que podrían ser oportunidades para actividades determinadas. Por un lado, las distorsiones microeconómicas que impactan en ciertos sectores pueden tener el efecto colateral de crear oportunidades en otros:

A- La escasez de insumos importados puede generar incentivos –probablemente transitorios– para actividades de sustitución de importaciones como en el caso de la industria automotriz, turismo, textil y confecciones, metalmecánica y maquinaria agrícola que ocuparon posiciones con la industria nacional por el cepo importador.

B- Es posible que el ahorro busque nuevas alternativas para conservar valor ante la alta inflación y se refugie en el sector inmobiliario, la construcción y/o la compra de bienes de semi durables; el turismo y el consumo (HORECA, hoteles, restaurantes) puede salir favorecido por mayor turismo local ante aumentos en los costos de salida.

C- Además, la nueva situación global revaloriza el rol de países con ventajas comparativas en energía y alimentos y está en marcha una relocalización de cadenas de valor que otorga mayor peso a los criterios geopolíticos.

Los seis sectores económicos líderes del ranking

En 2022 los seis sectores que más crecieron fueron la producción automotriz con 24,8%, las exportaciones mineras con el 18%, la producción de agroquímicos con 13,8%, exportaciones agrícolas con 13%, la producción de aparatos de uso doméstico con el 12,5% y de petróleo con un 11,5%.

Si bien algunos de estos sectores continuarán siendo líderes, su performance, ya no será tan vigorosa en 2023.

La producción automotriz crecerá 8,3% frente a un mercado interno acotado por la escasez de modelos importados, la pérdida de poder adquisitivo, y mercados en LATAM que desacelerarían su ritmo de crecimiento.

La sequía impactará fuertemente en la producción agrícola que exhibirá una caída del 11% y en la de molienda de trigo con una fuerte retracción del 16,4%. La venta de maquinaria agrícola también se resentirá: en 2022 creció el 7% y el año que viene se mantendrá sin mejoras (0,2%).

La producción de aparatos domésticos y electrónica de consumo mostrarán un incremento del 7,6% y 5% respectivamente. Pese al contexto de pérdida poder de compra de los salarios y faltas de opciones de resguardo de valor, los consumidores continuarán buscando alternativas de consumo para deshacerse de los pesos, aprovechando las promociones y los programas de facilidades de pago (planes Ahora).

El sector de la construcción cerrará 2022 con una mejora del 5,7% y el año próximo desaceleraría al 3%.

La producción industrial despide el año con un incremento del 6,3% para ingresar en un 2023 con una estimación de mejora del 2,1% en un contexto de alza de costos y dificultades para importación de insumos, tensiones globales por insumos difundidos y alza inflacionaria.

Con precios internacionales a la baja, la tasa de crecimiento de las exportaciones mineras se mantendrá cercana al 4%. El crecimiento de la producción de gas el próximo año rondara entre el 4,5% y 6%, encontrando como limitante a la capacidad transporte del sistema. La variación dependerá de la terminación del gasoducto Néstor Kirchner.

Por otro lado, la producción de petróleo crudo en 2023 crecerá un 13% debido a una mayor exportación y alta productividad en Vaca Muerta.

Fuente: Ámbito

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