Además de la demora de 90 días impuesta para el pago de fletes internacionales, el Gobierno obliga a tramitar un permiso como para el resto de los bienes

Tal como viene sucediendo prácticamente cada jueves en que se reúne el Directorio, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) emitió otra comunicación que confiesa su falta de dólares, y responde vulnerando la capacidad de la industria, el comercio y los servicios de abastecerse de insumos importados para continuar en actividad, restringiéndole cada vez más el acceso a los dólares.

El 20 de abril, el Gobierno instruyó al BCRA a que ordene un diferimiento del pago de los fletes marítimos por 90 días, de acuerdo con la comunicación “A” 7746. Los fletes se pagaban hasta ahora en pesos y los agentes marítimos accedían al mercado de cambios para hacerse de los dólares y cancelar el servicio.

Vale la pena recordar que el transporte por agua es responsable de más del 80% del comercio exterior argentino, cifra que asciende a más de 90% en el caso de la importación de contenedores.

Ocho de cada diez dólares que salen del país son para traer en contenedores maquinaria, bienes de capital, bienes intermedios, partes y piezas, insumos y todo lo necesario para la producción local.

Empresas argentinas, en jaque por nuevo cepo a las importaciones

A pesar de las advertencias y pedidos del sector privado, el Gobierno no sólo no dio marcha atrás con la medida, sino que colocó ahora al transporte en la misma categoría del resto de los servicios y bienes: deben tramitar el permiso (Sirase) en la Secretaría de Comercio y sólo entonces pueden acceder al circuito bancario.

Es la extensión de la dilación: los permisos para importar (SIRA, en los bienes; Sirase en los servicios) pueden demorar hasta 60 días en ser aprobados. Si el Gobierno se toma todo ese tiempo, recién entonces empiezan a correr los 90 días para girar los fletes.

Así lo expresa la reciente comunicación “A” 7771 en su punto 2: “Las entidades (bancarias) deberán requerir una declaración efectuada a través del Sistema de Importaciones de la República Argentina y Pagos de Servicios al Exterior (SIRASE) en estado “APROBADA” para dar acceso al mercado de cambios para cursar pagos de servicios por el mencionado concepto”, es decir, el servicio de fletes (S02), que se encontraba exceptuado.

¿El comercio argentino podría quedar aislado?

Este perfeccionamiento del cepo empuja al límite al comercio exterior argentino y el próximo paso es una “doble Nelson” peligrosa: aislamiento, si es que las líneas marítimas se cansan de enviar barcos a la Argentina por la sucesión de trabas, y encarecimiento creciente del comercio exterior por el transbordo que deberán enfrentar las cargas si ya no llegan a puertos locales y son dejadas en Montevideo, Río Grande o Santos, en Brasil.

La diferencia: en el mar no hay una empresa estatal de navegación, ni tampoco empresas privadas de capitales argentinos que realicen los tráficos internacionales. Y en todos los ámbitos. De nuevo, una menor conectividad equivale a mayores costos.

“El flete internacional se rige bajo cláusulas de un contrato de transporte, no como una importación de servicios”, indicaron desde una agencia marítima. Para peor, no hay “sustitución de importación” posible en este caso por falta de una marina mercante.

A las decisiones de las navieras internacionales Maersk, Hamburg Süd. Sealand y Hapag-Lloyd de dejar de cobrar fletes en la Argentina se sumó esta semana la suiza MSC y la coreana HMM, que tampoco aceptan correr el riesgo cambiario de sentarse 90 días en pesos argentinos antes de pagar el flete al exterior.

Más del 70% del comercio con Europa está en manos de estas líneas, responsables también de alrededor del 50% en las operaciones con Asia. No obstante, el efecto dominó sobre el resto de las líneas sería inminente.

Por sorpresivas que sigan pareciendo estas decisiones -que ya no ocultan el  desconocimiento sobre cómo funciona la logística y los negocios internacionales- lo que aumenta la incertidumbre es la negligente falta de coordinación en la administración del cambio y el comercio exterior en la Argentina.

El Banco Central aplica tres filtros para importar

Sucede que para importar hay que pasar por un triple filtro: el escaneo de la capacidad económico-financiera (CEF) de cada empresa que hace la AFIP/Aduana (con variables desconocidas); el otorgamiento de permisos de la Secretaría de Comercio (SIRA y Sirase), y el acceso al esquivo “dólar oficial”, siempre que los bancos interpreten correctamente lo que las comunicaciones del BCRA intentan explicar.

Sin comunicación que lo justificara, las operaciones bancarias se paralizaron por la falta de marco normativo. En la misma tarde, desde la gerencia de Exterior y Cambios circuló un mail a las entidades bancarias: “Ratificamos que la normativa cambiaria no contempla la presentación de una Sirase en estado Aprobada como un requisito para el acceso al mercado de cambios para realizar pagos por los conceptos “S02. Servicios de fletes”.

Dos semanas más tarde, el BCRA finalmente claudicó y agregó un eslabón más en la cadena que restringe al comercio exterior: ahora hace falta una Siase aprobada en los fletes.

El problema de monitorear los dólares desde una planilla de cálculo puede derivar en que la Argentina sea declarada “puerto sucio” y se quede, literalmente, sin conexión marítima directa.

El Centro de Navegación, que agrupa a los agentes marítimos, envió su cuarta carta al Gobierno por el tema en estos términos: “Alertamos nuevamente también de la probable toma de decisión por parte de varias de dichas empresas, de optar por saltearse a los puertos argentinos como escala en sus itinerarios, reduciéndose así la capacidad de bodega disponible, encareciendo aún más los costos de nuestro comercio exterior, lo que favorece el desabastecimiento y pone en riesgo a las cadenas de producción”.

Emiliano Galli (IProfesional)

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