YPF acaba de presentar un balance que eleva considerablemente la vara para la compañía.
La petrolera cerró el segundo trimestre de 2026 con un EBITDA ajustado récord de US$ 2.804 millones, un crecimiento del 76% frente al trimestre anterior y del 149% interanual. El margen EBITDA llegó al 43% de los ingresos, el nivel más alto de las últimas dos décadas.
Los ingresos consolidados alcanzaron los US$ 6.574 millones, mientras que la ganancia neta llegó a US$ 1.205 millones. Se trata, por lejos, del trimestre más fuerte de la historia reciente de la compañía.
El salto tiene varias explicaciones: un aumento del 33% trimestral en el precio realizado del petróleo, el pico estacional del negocio de gas y un nivel récord de utilización de las refinerías.
Pero debajo de los números del trimestre aparece una transformación mucho más profunda: YPF se está convirtiendo aceleradamente en una compañía concentrada en Vaca Muerta, con costos más bajos, menos deuda y un perfil crecientemente exportador.
Y eso es justamente lo que empieza a mirar el mercado.
YPF y un trimestre récord impulsado por Vaca Muerta
El principal motor del balance volvió a ser el upstream.
El EBITDA de ese segmento aumentó alrededor de 50% respecto del trimestre anterior, favorecido por los mayores precios del petróleo y por la creciente participación del shale dentro del portfolio.
La producción total de crudo disminuyó 2% trimestralmente, afectada principalmente por la salida de campos convencionales maduros. Pero, al mismo tiempo, la producción de shale oil volvió a crecer.
YPF produjo en promedio unos 213.000 barriles diarios de shale oil durante el segundo trimestre, un crecimiento del 47% interanual. Sobre una producción total de petróleo de aproximadamente 266.000 barriles diarios, eso significa que el shale ya explica cerca del 80% del crudo producido por la compañía.
La tendencia difícilmente se revierta.
YPF está llevando adelante una estrategia deliberada para desprenderse de activos convencionales y concentrar capital y equipos en los campos más productivos de Vaca Muerta.
El impacto se ve directamente en los costos.
Como contó El Economista al analizar el potencial que todavía tiene la acción de YPF, el mayor peso del shale está llevando los costos de extracción hacia niveles considerablemente más bajos y aumentando el margen por barril producido.
Las refinerías también rompieron récords
El trimestre no fue solamente extraordinario para Vaca Muerta.
El negocio de refinación también mostró una fuerte mejora.
El margen unitario de refinación pasó de US$ 14,9 por barril a US$ 23,2, mientras que el procesamiento alcanzó niveles récord, con una utilización equivalente al 104% de la capacidad nominal.
A eso se sumó una suba trimestral del 28% en los precios de los combustibles en surtidor, aunque todavía se ubicaron por debajo de la paridad de importación.
La combinación entre mayor utilización de activos, mejores márgenes y el escenario internacional del petróleo terminó impulsando uno de los mejores resultados operativos que haya registrado YPF.
El otro gran dato de YPF: la deuda cayó con fuerza
Hay otro número del balance que puede resultar incluso más importante para los inversores de largo plazo.
YPF continúa desapalancándose.
La deuda neta cayó aproximadamente 9% durante el trimestre y el ratio de deuda neta sobre EBITDA descendió desde 1,6 veces hasta 1,1 veces, el nivel más bajo de los últimos once años.
Al mismo tiempo, la compañía generó un flujo de caja libre positivo de US$ 824 millones, incluso después de realizar inversiones por aproximadamente US$ 1.340 millones.
La posición de caja terminó en su máximo histórico.
El contraste con la YPF de algunos años atrás es considerable: la empresa no solamente está incrementando producción y márgenes, sino que puede financiar una proporción creciente de su expansión con la caja generada por el propio negocio.
Para 2026, YPF había anticipado inversiones de alrededor de US$ 6.000 millones, con cerca del 70% de esos fondos destinados al desarrollo del shale.
La meta: 250.000 barriles diarios de shale oil
La compañía ratificó su objetivo de alcanzar una producción promedio de shale oil de aproximadamente 215.000 barriles diarios durante 2026 y llegar a 250.000 barriles diarios hacia fin de año.
Reuters informó que durante el segundo trimestre la producción promedio ya alcanzó los 213.000 barriles diarios, por lo que YPF se encuentra prácticamente en la meta anual promedio prevista.
El próximo salto dependerá menos de lo que ocurre debajo de la tierra que de la infraestructura disponible para sacar ese petróleo de Vaca Muerta.
Y ahí aparece uno de los proyectos decisivos.
VMOS: el oleoducto que puede destrabar el próximo salto de YPF
El Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) es probablemente la infraestructura más importante para la próxima etapa de crecimiento petrolero argentino.
El sistema conectará la cuenca neuquina con Punta Colorada, en Río Negro, permitiendo exportar directamente grandes volúmenes de petróleo hacia el mercado internacional.
A fines de julio, El Economista había informado que VMOS superaba el 70% de avance y mantenía como objetivo comenzar a exportar a comienzos de 2027.
Una vez plenamente operativo, el sistema podría transportar alrededor de 550.000 barriles diarios durante el segundo semestre de 2027, eliminando uno de los principales cuellos de botella que actualmente enfrenta Vaca Muerta.
Para YPF, eso significa algo muy concreto: poder perforar y producir más sin quedar limitada por la capacidad de transporte.
LLL Oil: la apuesta de US$ 25.000 millones
Pero VMOS es solamente una pieza.
En mayo, YPF presentó al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) el denominado Proyecto LLL Oil, que contempla una inversión estimada de US$ 25.000 millones durante los próximos 15 años.
Se trata de la mayor iniciativa petrolera presentada bajo el RIGI hasta ahora.
El proyecto contempla la perforación de 1.152 pozos y apunta a alcanzar hacia 2032 un plateau de aproximadamente 240.000 barriles diarios de petróleo, cuya producción estará destinada completamente al mercado externo.
Por sí solo, LLL Oil podría generar exportaciones por alrededor de US$ 6.000 millones anuales hacia comienzos de la próxima década.
Y todo ese petróleo tendrá salida precisamente a través de VMOS.
Argentina LNG: el otro gigante que puede transformar a YPF
El tercer gran proyecto aparece del lado del gas.
YPF continúa avanzando con Argentina LNG, el megaproyecto que busca convertir el gigantesco recurso gasífero de Vaca Muerta en gas natural licuado para exportarlo al mundo.
La compañía incorporó a dos socios internacionales de peso: la italiana Eni y XRG, el brazo internacional de inversiones energéticas de ADNOC.
Los bloques involucrados son Meseta Buena Esperanza I y II, Aguada Villanueva Norte y Las Tacanas I y II, todos ubicados en Vaca Muerta.
La escala potencial es enorme.
El Economista ya contó que el proyecto completo de LNG podría movilizar inversiones por decenas de miles de millones de dólares entre pozos, gasoductos, plantas de procesamiento y unidades de licuefacción.
Para YPF, Argentina LNG implica abrir un nuevo negocio exportador que hoy prácticamente no existe a escala relevante dentro de la empresa.
YPF vendió Metrogas a Edenor por US$ 780 millones
En paralelo, YPF sigue desprendiéndose de negocios que considera fuera del corazón de su nueva estrategia.
La compañía aceptó la oferta de Edenor por el 70% de Metrogas por US$ 780 millones, en una de las operaciones corporativas más importantes del mercado energético argentino en los últimos años.
La operación confirma una decisión estratégica que YPF viene ejecutando desde hace meses: vender activos periféricos para concentrar recursos en shale oil, shale gas y grandes proyectos exportadores.
El Economista ya había anticipado la fuerte pelea empresaria que se había desatado por el control de Metrogas, cuando YPF puso en marcha el proceso de desinversión.
¿Qué puede pasar ahora con la acción de YPF?
Los números operativos son extraordinarios. Pero eso no significa que el camino de la acción sea necesariamente lineal.
En el corto plazo, YPF continúa siendo muy sensible al precio internacional del petróleo.
La correlación entre la cotización de la compañía y el Brent se encuentra en niveles elevados. En un escenario internacional particularmente volátil, una corrección fuerte del crudo podría trasladarse rápidamente al ADR.
Por eso, el riesgo de corto plazo sigue estando muy relacionado con variables externas que YPF no controla.
La historia de largo plazo, sin embargo, luce diferente.
Como explicó recientemente El Economista al analizar una valuación que veía hasta 24% de potencial para la acción, buena parte del atractivo de YPF pasa por proyectos cuyo impacto todavía no está completamente reflejado en los números actuales.
VMOS permitirá liberar capacidad de transporte. LLL Oil puede impulsar una nueva ola de producción de petróleo. Argentina LNG podría abrir un gigantesco mercado exportador para el gas. Y la migración desde campos convencionales hacia shale debería continuar reduciendo costos y ampliando márgenes.
Todo eso parte ahora de una base mucho más sólida: YPF acaba de presentar el mejor trimestre de su historia, tiene el menor nivel de apalancamiento en once años y el shale ya explica alrededor del 80% de su producción petrolera.
La pregunta para el mercado ya no parece ser solamente cuánto puede ganar YPF con el petróleo que produce hoy.
La gran discusión es cuánto puede valer cuando toda la infraestructura que está construyendo le permita producir y exportar mucho más.
Fuente: El Economista

