En el Día de la Industria, las pequeñas y medianas empresas volvieron a poner el foco sobre uno de los principales desafíos que enfrenta el sector: el avance de las importaciones y las condiciones en las que ingresan determinados productos al país.
El presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), Daniel Rosato, reclamó al Gobierno una mayor fiscalización de las operaciones de comercio exterior y advirtió que la competencia con productos que ingresan a valores inferiores a los reales genera un doble perjuicio: golpea a las empresas argentinas y reduce la recaudación tributaria.
“El dumping es ilegal. Hoy ingresan productos declarados a un menor precio de su valor real porque no hay precios de referencia en la Aduana”, afirmó Rosato. Y fue más allá: “Para un industrial PyME argentino que cumple con todas sus obligaciones, el dumping importador es lisa y llanamente evasión de impuestos”.
El dirigente sostuvo que el problema no se limita a la industria. Según su planteo, la falta de controles también afecta al Estado porque reduce la posibilidad de cobrar los tributos correspondientes y termina debilitando los recursos disponibles para sostener políticas económicas.
Empresas y empleo, en retroceso
El reclamo de IPA se da en paralelo con un diagnóstico negativo sobre la evolución del entramado productivo.
Según el Informe de Coyuntura Industrial PyME de agosto elaborado por la entidad, desde diciembre de 2023 se perdieron 31.174 empleadores aportantes y 448.354 puestos de trabajo registrados.
En mayo de 2026, el empleo formal alcanzó los 9.445.560 trabajadores, lo que implicó una caída de 188.076 puestos frente al mismo mes de 2025 y de 70.217 respecto de abril.
La industria manufacturera aparece entre las actividades más golpeadas. En mayo registró 1.117.780 trabajadores formales, unos 58.296 menos que un año antes y 97.834 menos que en diciembre de 2023.
También se redujo la cantidad de empresas. El número de empleadores aportantes cayó a 481.724 firmas, mientras que dentro de la industria manufacturera quedaron 45.602 empresas activas, 2.538 menos que un año atrás.

Capacidad ociosa y consumo débil
Para IPA, la mejora de algunos indicadores macroeconómicos todavía no se traduce en una recuperación generalizada de la actividad productiva.
La actividad económica creció 2,7% interanual en junio, aunque el desempeño fue desigual entre sectores. La industria manufacturera avanzó 2% interanual ese mes, pero acumuló una caída de 2,2% durante el primer semestre.
La capacidad instalada industrial también refleja esa situación: alcanzó el 59,1%, lo que implica que el 40,9% permanece ocioso. Las expectativas empresarias tampoco muestran un cambio significativo. De acuerdo con el informe, el 87% de los directivos industriales no esperaba mejoras para el trimestre agosto-octubre: el 70,9% anticipaba un escenario de estancamiento y el 16,1% proyectaba un deterioro.
El consumo interno completa el cuadro. Las ventas en supermercados retrocedieron 3,1% interanual y 1% mensual en junio. Desde diciembre de 2023 acumulan una contracción real cercana al 11,5%.
El pedido de las PyMEs
En este contexto, Rosato reclamó una estrategia que combine estabilidad macroeconómica con una recuperación de la producción y el mercado interno.
“La crisis en el consumo masivo y la caída en los ingresos de los trabajadores se seguirán agravando si no le ponemos un freno a la ola de embargos y concursos preventivos que ya azota al entramado PyME”, sostuvo.
El titular de IPA pidió avanzar hacia una estrategia consensuada que permita recuperar a la clase media sin generar nuevas presiones inflacionarias.
Para el dirigente, una de las prioridades debe ser “recuperar el equilibrio de las importaciones” mediante controles y una política que permita transparentar los flujos comerciales.
El diagnóstico de IPA plantea así una tensión central para la economía argentina: mientras algunos sectores vinculados con la minería, la energía y las exportaciones muestran mayor dinamismo, buena parte de la industria orientada al mercado interno todavía enfrenta caída del consumo, capacidad ociosa y pérdida de empresas y puestos de trabajo.
Por Daniel Barneda (El Economista)

