Las crecientes interrupciones en las principales arterias del comercio mundial están sometiendo a la cadena de suministro a una prueba de estrés sin precedentes, según advirtieron altos ejecutivos de las principales compañías navieras del mundo a la directora general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Ngozi Okonjo-Iweala, durante una cumbre estratégica celebrada el pasado 28 de mayo.
En un diagnóstico crudo y directo, los referentes del transporte marítimo advirtieron que las acciones forzadas por desviar la carga hacia rutas alternativas —producto de la crisis de seguridad en la región del Golfo y otros puntos críticos— están generando una fuerte presión sobre la capacidad de bodega y disparando los costos operativos. Un alza que, alertaron, terminará impactando inexorablemente en el precio final que pagan los consumidores.
El cuello de botella multimodal y el “espejismo” terrestre
Si bien el sector destacó la resiliencia demostrada por la logística global frente a las crisis superpuestas, los ejecutivos dejaron en claro que la capacidad de adaptación tiene un límite físico y económico.
El desvío de los buques hacia trayectos más largos exige un mayor número de barcos para mantener la misma frecuencia de servicio, lo que tensa las redes de transporte. En paralelo, la búsqueda de vías de escape a través de rutas terrestres alternativas se ha topado con una realidad insoslayable: muchos corredores y puertos ya se encuentran al borde de la saturación.
Un buque, 70 trenes
Para graficar la asimetría estructural de las alternativas intermodales, un ejecutivo naviero expuso un dato letal sobre la diferencia de escala: se necesitan aproximadamente 70 trenes de carga completos para igualar la capacidad de transporte de un solo buque portacontenedores de gran porte.
A esta limitación física se le suman severos cuellos de botella operativos y administrativos. Las empresas denunciaron retrasos aduaneros crecientes derivados de la complejidad de la logística multimodal en los nuevos corredores.
Frente a este escenario, recalcaron la urgencia de concretar inversiones globales para modernizar la infraestructura portuaria y garantizar flujos comerciales eficientes, exigiendo además un respeto irrestricto a los acuerdos multilaterales y al principio histórico de la “libertad de navegación”.
La respuesta de la OMC
Tras escuchar los reclamos de una industria que moviliza más del 80% del volumen del comercio mundial, la directora general Okonjo-Iweala hizo un llamado urgente a fortalecer la cooperación entre los gobiernos y el sector privado.
Para mitigar la fricción en las aduanas, la titular de la OMC subrayó que la principal herramienta disponible es la plena aplicación del Acuerdo sobre Facilitación del Comercio.
En este sentido, instó a los países a acelerar la digitalización de los procedimientos aduaneros, promover el intercambio transparente y oportuno de información, y evitar la tentación de aplicar restricciones comerciales que sumen mayor inestabilidad a la cadena de suministro.
La magnitud de la crisis quedó reflejada en el peso específico de los asistentes a la mesa de diálogo en Ginebra. La cumbre reunió a la plana mayor del transporte marítimo global, incluyendo a los máximos directivos de MSC, CMA CGM, COSCO Shipping, Hapag-Lloyd, Ocean Network Express (ONE), Evergreen Marine Corp., Yang Ming y China Merchants Energy Shipping. A ellos se sumó el respaldo institucional de los titulares de la Cámara Naviera Internacional (ICS), el Consejo Mundial de Transporte Marítimo (WSC) y la Federación Internacional de Asociaciones de Transitarios (FIATA).
Por Emiliano Galli (Trade News)

