Argentina logró en septiembre exportaciones récord, superando los U$S 10 mil millones. En los últimos 12 meses, sumó más de U$S 100 mil millones y se estima que en 2036 puede llegar a exportar U$S 200 mil millones.
Las exportaciones están volando. Vienen creciendo un ritmo de 21,6% en minería, petróleo y agro.
Hay que tener en cuenta que la industria argentina fue creada para no tener que importar, pero no fue pensada para exportar. Eran tiempos de política de sustitución de importaciones, que también usaron otros países. Pero en ellos, esta fue una política temporal. En cambio, Argentina se quedó en esa etapa y terminó complicándose. Aun así, es una tremenda injusticia decir que a toda la industria le cuesta exportar.
Akron, la empresa de San Francisco, exporta maquinaria agrícola a 30 países, entre ellos, Estados Unidos, Canadá y Australia. Toyota entró al Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (Rigi) para producir camionetas destinadas a todo el mundo.
En la misma semana, Córdoba tuvo dos noticias que muestran la disparidad de la industria: mientras Renault anunciaba el lanzamiento de una camioneta que planea exportar a 19 países, una alta autoridad de Stellantis informaba que analizan cerrar la planta cordobesa.
Las exportaciones argentinas, a un ritmo menor
Argentina tiene, según distintas visiones, un sesgo antiexportador que se refleja en los números: en el período 2004-2023, mientras Argentina aumentó sus exportaciones 93%, las de Chile crecieron 215%, las de Brasil 257% y las del promedio de América latina 174%.
Si nuestras exportaciones hubieran crecido solo como el promedio de la región –no como los excelentes números de Brasil o de Chile–, desde 2023 estaríamos exportando U$S 36 mil millones más, o sea, nos perdimos un Vaca Muerta por año.
¿Por qué nuestras exportaciones crecieron tanto menos?
Según la Teoría de la Calidad de las Élites, de Tomás Casas Klett, economista de la Universidad de Saint Gallen (Suiza), los países crecen en relación con la calidad de sus dirigentes. Y pronosticó que Chile y Brasil crecerán más que Argentina.
Esta teoría ayuda a comprender una de las raíces del sesgo antiexportador argentino: cuando las élites económicas y políticas encuentran mayores beneficios en capturar rentas que en innovar, competir y conquistar mercados internacionales, el país termina premiando la extracción de valor por encima de su creación.
Hay tres factores que confirman el sesgo antiexportador argentino:
Derechos de exportación. En los períodos sin retenciones, las exportaciones argentinas crecían más rápido que la de nuestros vecinos. Si comparamos las de Brasil con las de Argentina, entre 2002 y 2025, las de ellos crecieron 476% y las nuestras 240%, casi la mitad.
Pocos acuerdos comerciales. Mientras Argentina tiene nueve acuerdos comerciales firmados con otros países, Chile tiene 32 y Perú 23.
Burocracia exportadora. Se verifica en las demoras en reintegros y recupero de IVA, según reclama la Cámara de Exportadores de la República Argentina (Cera), también en los pedidos de simplificar procedimientos y digitalizar operaciones.
Según la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Cera, deberíamos agregar a esto los costos portuarios, la infraestructura logística, el déficit ferroviario, los impuestos provinciales y el escaso financiamiento.
Algunos pueden sumar a estos tres factores, el nivel del tipo de cambio. Pero con un cambio superfavorable en el período 2002-2010, las ventas argentinas al mundo subieron mucho menos que las de los países vecinos. Ahora, con un tipo de cambio caro o atrasado, están subiendo velozmente.
Las consecuencias del sesgo exportador
Estos factores terminaron repercutiendo en dos ámbitos fundamentales: generaron menos ingreso de divisas y más baja creación de empleo. Pero, además, expulsó a muchas pymes del sistema exportador. Según la Cera, en 2006 exportaban 15.075 pymes y hoy lo hacen 7.061, según datos del Ministerio de Economía.
El factor que tuvo un impacto importante fue el de pocos acuerdos comerciales. El nuevo convenio Mercosur-Unión Europea implicó sumar 27 países socios. En marcha está el convenio con Singapur, que es la puerta de entrada al sudeste asiático, y están negociando con Canadá, Japón e Indonesia.
Respecto a los derechos de exportación, parte esencial del sesgo antiexportador, existe un cronograma de desgravación y muy importante: esa desgravación está incluida también dentro del contenido en el acuerdo Mercosur-UE.
Superávit récord: ¿siempre es bueno?
El superávit acumulado hasta septiembre es de U$S 21.198 millones y llegaría a U$S 27 mil millones a final de año, Aunque también significa otras cosas, que vale la pena analizar.
El superávit comercial de septiembre fue récord, pero ¿es una buena noticia?
Argentina registró cifras récord de superávit en 1990, 2002 y 2009. Antes fue el más alto de cada época respectiva en 1973 y en 1985.
En 1990 estábamos en hiperinflación. En el caso de 2002, veníamos de la salida del expresidente Fernando de la Rúa en diciembre del 2001. Luego, en 2009, nos marcó la crisis subprime del 2008.
En todos los casos, las importaciones se derrumbaron comparándolos con años anteriores, fueron años de crisis económica y bajo consumo. Si la economía anduviera muy bien, las importaciones serían más altas. En una economía creciendo fuerte, las importaciones vuelan.
En la realidad argentina actual, cae la importación de bienes de capital y de bienes de consumo, o sea que no estamos ni invirtiendo ni consumiendo más que el año anterior.
Un país puede subsistir sin exportar, pero no puede crecer sin exportar
Podemos exportar U$S 200 mil millones en 2036. Las exportaciones están creciendo a un ritmo de 21% y, si crecieran en los próximos años a una velocidad de 6% anual, podríamos llegar a esa proyección.
Para eso hay que seguir disminuyendo el sesgo antiexportador de la economía argentina, desburocratizar el proceso exportador, generando mucha inteligencia comercial en la búsqueda de mercados y con un fuerte impulso a las pymes, mientras Vaca Muerta, la vaca viva del agro y la economía del conocimiento hacen su trabajo.
Una parte esencial para lograr ese récord es algo que sobrevoló en la pasada edición del 18º Coloquio Industrial de la Unión Industrial de Córdoba (UIC), tanto de los gobernadores de Córdoba y de Catamarca como en los presidentes de la UIC y de la UIA: la necesidad de un Rigi Pyme o un Rigi Industrial que le mejore la competitividad a la pequeña y mediana empresa y le aporte certidumbre.
¿Puede haber más inversiones en un marco incierto electoral? El Rigi le asegura un marco a 30 años a las inversiones mineras o petroleras. Las pymes no necesitan tantos años, pero sí un contexto en el que le bajen los costos y otorgue certidumbre.
Hay dos temas más: la articulación público-privada y la internacionalización. El presidente de la UIC elogió públicamente a la Agencia ProCórdoba como ejemplo de ambas cosas, donde pueden coordinar las empresas, Estado y universidades para más acceso a mercados internacionales.
El privado crea riqueza y el Estado genera condiciones para esa creación. A veces escuchamos algunos líderes diciendo que sólo el privado crea riqueza, contradiciendo a los premios Nobel de Economía Daron Acemoglu y James Robinson respecto a por qué fracasan los países o a la mencionada teoría sobre el vínculo de las elites y el crecimiento. El mercado puede generar riqueza, pero ningún país alcanza el desarrollo únicamente con empresarios exitosos y un Estado ausente.
Un país puede subsistir sin exportar, pero no puede crecer sin exportar. Para exportar más, se necesita producir más; y para producir más, se requieren más inversiones y condiciones aptas.
Por Gustavo Scarpetta (*) (La Voz)
(*) Magíster y docente de UNC y de UCC.

