La economía mundial está desafiando los pronósticos más pesimistas. La Organización Mundial del Comercio (OMC) ha elevado hasta el 3,9% su previsión de crecimiento del comercio internacional de mercancías para 2026, frente al 1,9% estimado en marzo. Una revisión de dos puntos porcentuales que supone prácticamente duplicar las expectativas anteriores, pese a las tensiones geopolíticas y las perturbaciones energéticas derivadas del conflicto en Oriente Próximo.
El principal responsable de esta sorprendente resistencia tiene nombre propio: la inteligencia artificial. Sin embargo, detrás del optimismo comercial aparece una realidad menos favorable: el sector servicios pierde dinamismo y la recuperación presenta profundas diferencias entre regiones.
La OMC sorprende con sus nuevas previsiones
El último informe Global Trade Outlook and Statistics, publicado este jueves, 8 de octubre, introduce una importante revisión de las perspectivas económicas internacionales.
El organismo anticipa que el comercio mundial de bienes crecerá un 3,9% en 2026 y un 4,1% en 2027, consolidando una expansión superior a la prevista meses atrás.
La magnitud del cambio resulta especialmente significativa porque se produce en un contexto marcado por las interrupciones del suministro energético, las tensiones comerciales y la incertidumbre sobre los costes del transporte internacional.
El diagnóstico apunta a una capacidad de adaptación empresarial mayor de la esperada. Las compañías han diversificado proveedores, reorganizado sus rutas logísticas y mantenido los intercambios internacionales incluso en condiciones adversas.
La inteligencia artificial cambia las reglas
El verdadero motor de esta revisión no procede del consumo tradicional, sino de la inversión tecnológica.
La construcción de centros de datos, la fabricación de semiconductores y el despliegue de infraestructuras para inteligencia artificial están generando una demanda extraordinaria de componentes electrónicos.
Según los datos conocidos, los productos vinculados a esta tecnología representaron aproximadamente el 47% del crecimiento del comercio mundial de mercancías durante el primer semestre de 2026.
Este hecho revela una transformación estructural. El comercio internacional depende cada vez más de las inversiones destinadas a desarrollar capacidad de procesamiento, almacenamiento y transmisión de datos.
Sin embargo, también introduce una vulnerabilidad: una desaceleración brusca de la inversión en inteligencia artificial podría trasladarse rápidamente a las exportaciones tecnológicas y a las economías más especializadas.
Oriente Próximo no logra paralizar el comercio
Uno de los elementos más sorprendentes del informe es la resistencia de las cadenas mundiales de suministro frente a las perturbaciones del mercado energético.
La OMC considera que las empresas han conseguido adaptarse a las dificultades en el abastecimiento de petróleo, gas y fertilizantes mediante proveedores alternativos y ajustes logísticos.
La crisis regional continúa elevando los riesgos económicos, pero sus consecuencias sobre el volumen global de mercancías han resultado menores de lo previsto inicialmente.
Esta resistencia no significa que los costes hayan desaparecido. Los precios energéticos, las primas de seguros y las rutas comerciales alternativas siguen condicionando la rentabilidad empresarial.
La diferencia es que el sistema comercial mundial ha demostrado una capacidad de adaptación superior a la anticipada.
Los servicios muestran la cara oculta de la recuperación
La fortaleza del comercio de mercancías contrasta con un deterioro notable de las expectativas para los servicios internacionales.
La OMC ha reducido su previsión de crecimiento para 2026 del 4,8% al 3,3%, un recorte de 1,5 puntos porcentuales.
El transporte internacional, el turismo y determinadas actividades vinculadas a la movilidad resultan especialmente sensibles a la inestabilidad geopolítica.
Las dificultades operativas y el incremento de los costes pueden afectar directamente a compañías aéreas, operadores logísticos y empresas turísticas.
No obstante, el organismo anticipa un crecimiento del 6,4% para los servicios en 2027, una recuperación considerable cuya materialización dependerá de la normalización de las condiciones internacionales.
Asia gana terreno en el nuevo mapa comercial
El auge de la inteligencia artificial también está modificando el equilibrio económico entre regiones.
Asia se consolida como proveedor fundamental de componentes electrónicos, mientras Norteamérica concentra una parte destacada de la demanda de infraestructuras tecnológicas.
La previsión de crecimiento de las exportaciones asiáticas alcanza el 9,9% en 2026, frente a una contracción estimada del 17,2% en Oriente Próximo.
El contraste evidencia que la expansión del comercio mundial no beneficia a todos los países por igual.
Las economías con capacidad industrial avanzada y acceso a las cadenas de valor tecnológicas presentan mayores oportunidades que aquellas excesivamente dependientes de las materias primas o de rutas comerciales vulnerables.
España y Europa ante una oportunidad decisiva
La revisión de la OMC tiene implicaciones directas para las economías europeas, especialmente aquellas con elevada exposición al comercio exterior.
Para España, un entorno internacional más dinámico puede favorecer las exportaciones industriales, los bienes de equipo y determinadas actividades tecnológicas.
Sin embargo, la debilidad prevista para los servicios exige cautela, dada la importancia del turismo y del transporte en la economía española.
Europa afronta además el desafío de competir con Estados Unidos y Asia en semiconductores, centros de datos e infraestructuras digitales.
La cuestión central ya no consiste únicamente en aumentar las exportaciones, sino en capturar una mayor parte del valor económico generado por la revolución tecnológica.
El riesgo detrás del optimismo económico
La OMC también prevé que el producto interior bruto mundial avance un 2,6% durante 2026, una cifra inferior al crecimiento esperado para el comercio de mercancías.
Esta diferencia refleja la intensidad de los intercambios internacionales, pero no garantiza una aceleración equivalente de la actividad económica.
El crecimiento comercial depende en buena medida de un ciclo extraordinario de inversión tecnológica que podría perder fuerza si disminuye la demanda de infraestructuras de inteligencia artificial.
A ello se suman la persistencia de los riesgos energéticos y las tensiones geopolíticas.
El resultado es una economía internacional más resistente de lo previsto, aunque también más dependiente de un reducido número de sectores estratégicos. La inteligencia artificial está sosteniendo una parte decisiva de la expansión comercial, pero su impulso no elimina las fragilidades del sistema mundial.
Por FABIANA RUIZ (Negocios.com)

