El mapa argentino de marcas y modelos de autos está más activo que nunca y está a punto se sufrir nuevos cambios. En un mercado donde las ventas anuales acumulan una caída del 13,3%, ya observamos (ver nota) que los concesionarios remarcan que “lo único que se venden son SUV chinos electrificados”.
No es casual, el cliente detectó que hay una oportunidad concreta de acceder a un segmento que siempre fue aspiracional con modelos de última generación que, por precios similares a competidores Mercosur, tienen más equipamiento y con motorizaciones de nueva tecnología.
Pero esto puede cambiar en poco tiempo. Se avecina un llamado a participar de un nuevo cupo de autos electrificados para que ingresen bajo este régimen de exención impositiva y habría cambios.
El uso del potencial no es casual, no lo podemos afirmar hasta verlos plasmados en la resolución correspondiente, pero es un hecho. De ambos lados del mostrador, tanto del Gobierno como de las automotrices (terminales radicadas que e importadores), no niegan que se pidieron modificaciones para que haya un mejor reparto y más oportunidades.
Sin embargo, esto dejará ganadores y perdedores, lógicamente.
¿Qué cambiará?
Recapitulemos: el cupo, como fue concebido, permite importar 50.000 unidades anuales de modelos electrificados con un precio FOB (en origen, libre de impuestos) de hasta US$ 16.000.
Esas 50.000 unidades se las dividen en partes iguales las terminales agrupadas en ADEFA y los importadores independientes o nucleados en CIDOA.
Como ese valor es bajo, el cupo hasta ahora benefició principalmente a quienes importan desde China, independientemente si son modelos 100% eléctricos, híbridos, híbridos-enchufables o mild-hybrid. En un porcentaje menor se sumaron, en el último año, productos de otros orígenes como India o Europa.
Los favorecidos fueron aquellos importadores de marcas chinas que, además, están ávidas por capturar mercados internacionales, con lo cual consiguieron buenos precios en origen que les permitieron no sólo entrar en el cupo sino tener una mayor rentabilidad en sus operaciones.
No obstante, fue del lado de las terminales que se dio el caso más emblemático con Ford y el modelo Territory. Ya de por sí la versión con motor naftero fue un suceso, pero las 10.000 unidades que se le aprobaron para traer este año de la variante híbrida le permitieron dar un salto y adueñarse de una quinta parte del cupo destinado a los fabricantes.
Muy por detrás se ubicaron Chevrolet, Stellantis y Renault, que al menos encontraron algunas opciones.
Del lado de los importadores, BYD, BAIC y Grupo Corven, concentraron el mayor porcentaje de las otras 25.000 unidades, mientras que los restantes apenas lograron repartirse el volumen en cantidades chicas.
Esto último es algo que los preocupa y que los anima a importar el año próximo -por fuera del cupo- modelos con motores a combustión, que en China no están tan bien considerados y a la vez tienen precios muy atractivos.
El pedido puntual pasa ahora por incrementar el FOB de US$ 16.000, ya sea para la totalidad del cupo o bien para un porcentaje (¿50%?), lo que establecería dos niveles de FOB.
Esto les daría mayor oferta a las terminales (caso Toyota con su gama importada), aunque también a los importadores. Y ahí aparece en escena un jugador que hasta el momento no estaba presente y que está comenzando a instalarse localmente, como Tesla.
La marca de autos eléctricos creada por Elon Musk fabrica tanto en EE.UU. como en China, por lo que podría elegir desde dónde abastecer a la Argentina, si es que se concretan estos cambios. Otras marcas premium de origen alemán podrían hacer lo propio, al igual que coreanas o japonesas.
Otro punto en discusión (y álgido, por cierto) pasa por si se concretará el cambio de otorgamiento en función de grupo empresario y no por razón social, como venía siendo.
Esto favoreció la aprobación de cierta cantidad de unidades bajo diferentes CUIT, aunque -por diferentes motivos- las unidades aprobadas acabaron incrementando el stock de un mismo importador que controla diferentes marcas.
Todo esto se pondría en marcha en octubre, con el nuevo llamado pero -como en las veces anteriores- participar de la solicitud no implica el otorgamiento automático por parte del Gobierno, que estableció una serie de condiciones que hoy parecen no importar tanto.
¿Por qué? Porque una de ellas era favorecer los modelos más baratos para democratizar el acceso a nuevas tecnologías y, de esa forma, se castigaba a los modelos más caros.
Hasta ahora, durante el proceso de solicitud, la cuota se calcula por modelo y no por marca. La “fórmula” establece que la cuota para la categoría se toma y divide entre el número total de modelos presentados (a mayor cantidad de modelos solicitados, más chances de otorgamiento) y así cada modelo recibe una asignación teórica.
Luego esto se ajusta según el precio en relación con el precio de venta promedio ponderado, donde los más baratos reciben más y los más caros, menos.
El criterio final para la aprobación no es sencillo de entender, e incluye -por ejemplo- como prioridad para conseguir unidades dentro del cupo el mes estimado de nacionalización, privilegiando a aquellos que logran antes las inscripciones.
Habrá que esperar al menos un mes más para develar este enigma que preocupa y ocupa a la totalidad de los actores del cambiante mercado automotor argentino.
Fuente: El Economista

