Con la vehemencia y contundencia, Javier Milei brindó definiciones excluyentes para el comercio exterior y el futuro de la “Argentina definitivamente integrada al mundo” durante su discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, este domingo 1° de marzo.

No hubo giros retóricos sino definiciones certeras para los negocios internacionales: la apertura comercial no es discursiva ni teórica. Y que 2026 haya sido declarado “Año de la grandeza argentina”, frase que goteará incansablemente en cada acto administrativo, dependerá exclusivamente de que las fuerzas productivas del país desplieguen todo su potencial gracias a la importación de capital, tecnología y conocimiento para agregar valor y multiplicar las exportaciones.

La desregulación, la integración al mundo y la competitividad logística serán, según Milei, las arterias que bombearán el corazón del modelo económico este año.

Si la primera etapa del gobierno consistió en estabilizar la macroeconomía —logrando “el primer presupuesto sin déficit fiscal en 100 años” y terminando con la emisión—, el mensaje que bajó desde el atril legislativo apunta ahora a la microeconomía y a la matriz de costos. Y para la logística, el transporte y el comercio exterior, los anuncios tocan las fibras más sensibles del negocio.

La reforma del Código Aduanero

El diagnóstico presidencial partió de una premisa que los operadores logísticos e importadores conocen de memoria: “La Argentina es el país más cerrado del mundo para su nivel de PBI”.

Para revertir esta anomalía, Milei soltó en el recinto una de las definiciones institucionales más esperadas: anunció que, en el marco de la presentación de paquetes mensuales de reformas estructurales por cada ministerio, el Gobierno avanzará sobre la “carta magna” del sector: “Reformaremos el Código Aduanero para adecuarlo a nuestros nuevos desafíos”.

Es decir, recurrir al archivo reciente de las miles de desregulaciones realizadas es sólo un preámbulo de lo que viene: agilizar aún más los esquemas normativo tipo “ancla”. Según el Presidente, esta reforma es condición necesaria para “sentarnos en la mesa del comercio internacional, hasta ser tan relevantes que nuestros intereses no puedan ser desoídos”.

A esto se le suma una visión de orden territorial. La logística internacional requiere previsibilidad y seguridad, algo que, según el mandatario, se había perdido. “Estamos poniendo orden en las fronteras, donde los narcos entraban y salían a su antojo”, advirtió, dejando en claro que la facilitación comercial irá de la mano con un control inteligente y no con el modelo del “colador”.

Un misil a los “prebendarios”

Donde Milei fue más disruptivo y frontal fue en su ataque directo a los sobrecostos de los insumos críticos que encarecen la producción y la infraestructura en la Argentina. Lejos de las diplomacias de los foros empresariales, el Presidente le declaró la guerra a la industria hiperprotegida, a la que acusó de forzar a los argentinos a “pagar más caro que en el mercado” mediante restricciones comerciales que calificó de “inmorales”.

Sin dudarlo, apuntó irónicamente contra el establishment industrial (“Don Chatarrín de los Tubitos Caros” y “Don Gomita Alumínica”) para exponer las distorsiones de precios. Con números que impactan de lleno en el desarrollo de la obra pública, los puertos y la logística energética de Vaca Muerta, por ejemplo, sus declaraciones fueron directo al mentón: “¿Les parece normal pagar US$ 4000 la tonelada de tubos de acero cuando vale US$ 1400?”, inquirió desafiante.

Las semanas pasadas marcaron hitos claros en materia de protección a este sector, que tuvo al aluminio como uno de los protagonistas excluyentes, con la desmantelación de las medidas antidumping a varios productos del sector.

Química

La crítica se extendió a otros sectores protegidos históricamente por barreras arancelarias y licencias, graficando el absurdo con el rubro textil: “¿O acaso les parece pagar una remera básica 50 dólares cuando la importada cuesta 5 dólares?”.

El mensaje para la un sector de la industria nacional fue definitorio: la protección arancelaria, que encarece la matriz de costos de toda la cadena de suministro nacional, será sólo una excepción y no una norma.

“El consumidor ahorra dinero al comprar el bien importado, ese dinero lo utilizará en comprar otros bienes, generando así puestos de trabajo en otro sector de la economía, que es más productivo”, sentenció.

Geopolítica, logística bioceánica y 50.000 millones de dólares

La hoja de ruta del Ejecutivo también contempla la consolidación jurídica de los nuevos flujos comerciales. Milei ratificó la intención de integrarse a los grandes bloques de Occidente, celebrando el avance del acuerdo con la Unión Europea y confirmando la voluntad de concretar un pacto similar con los Estados Unidos, país con el cual el alineamiento “moral” quedó totalmente explícito: “Tenemos que crear el siglo de las Américas. Make America Great Again, desde Alaska a Tierra del Fuego”, sentenció.

Pero para que esta apertura no sea solo un flujo de importaciones, el Presidente hizo un inventario de los activos logísticos y productivos que posicionan a la Argentina como un jugador ineludible. En un mapa trazado para los inversores internacionales, destacó: “En cinco años el complejo energético estará exportando unos 50.000 millones de dólares”, indicó, entre otras referencias a los grandes complejos exportadores, como el minero (que será tal vez el que más novedades tendrá este año) y el clásico motor agroindustrial, para el que se pondrá en marcha la concesión de la vía navegable troncal, mejorando la ecuación logística, operativa y comercial.

¿Cómo se apalancará este volumen que requerirá indefectiblemente de eficiencia en hidrovías, rutas y terminales? A través de la creación de un “marco legal robusto que permita el desarrollo primario para el beneficio de todos”.

La polea de tracción

El discurso ratifica que el Gobierno entiende al comercio exterior como la principal polea de tracción para el desarrollo, como lo entiende el mundo desarrollado.

La promesa concreta de reformar el Código Aduanero, de desmantelar los “peajes” que encarecen insumos logísticos básicos como el acero y los neumáticos, y de alinear al país en tratados de libre comercio con las potencias de Occidente, suponen la modernización más agresiva que haya visto el sector en décadas.

El desafío de este “año calendario de la reforma” será traducir la contundencia del atril en normas viables y operativas.

La definición de “aduana barrera” está bajo asedio. La batalla desreguladora de este año promete ser la más dura de la Administración Milei: entrar en el arcón de las super e infra estructuras aduaneras, que arrastran siglos de determinismo en el comercio exterior.

“Mientras ustedes redactan regulaciones, nosotros creamos riqueza. Mientras ustedes prometen igualdad, nosotros generamos prosperidad. Mientras ustedes reparten pobreza, nosotros multiplicamos la abundancia”, definió Milei.

Por (Trade News)

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