La industria aérea logró un beneficio neto histórico de 39.500 millones de dólares, pero enfrenta 2026 con un margen previsto de solo 3,9 %, en un contexto de crecientes riesgos económicos, regulatorios y operativos.

La industria del transporte aéreo se adentra en 2026, enfrentando un escenario complejo de riesgos económicos, geopolíticos y operativos, pese a haber alcanzado resultados financieros históricos. Según la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA, por sus siglas en inglés), en enero de 2025, las aerolíneas operaban bajo “importantes vientos en contra”, especialmente por la amenaza de aranceles y posibles represalias comerciales, y aun así lograron un beneficio neto récord de 39.500 millones de dólares. Sin embargo, esta cifra oculta una realidad estructuralmente frágil: el margen neto previsto para 2026 es de apenas 3,9 %, y la industria “no ha superado nunca un margen de beneficio neto superior al 5 %”. En términos individuales, el beneficio neto equivale a 7,90 dólares por pasajero, “una cifra inferior a la que Apple obtiene por la venta de una funda para iPhone”.

Marie Owens Thomsen, vicepresidenta sénior de Sostenibilidad y economista jefe de la IATA

Marie Owens Thomsen, vicepresidenta sénior de Sostenibilidad y economista jefe de la IATA, identifica cinco (5) áreas de riesgo clave para el próximo año, comenzando por la fragmentación de políticas. El debilitamiento del sistema multilateral posterior a la Segunda Guerra Mundial amenaza con desmantelar “los 80 años de armonización global de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI)”. La proliferación de marcos regulatorios y fiscales no coordinados para abordar las emisiones de CO₂ del transporte aéreo introduce distorsiones competitivas a escala global y, aunque tengan un enfoque local, “generan pocos fondos para los gobiernos, tienen poco o ningún impacto en las emisiones y encarecen el transporte aéreo”.

Otro riesgo crítico es la persistente interrupción de la cadena de suministro, marcada por una acumulación récord de pedidos de aeronaves. Aunque la situación ha comenzado a mejorar, la IATA advierte que el desajuste entre la producción y las necesidades de las aerolíneas no se resolverá antes de 2031–2034. Esta limitación ha llevado a que los factores de ocupación alcancen el nivel más alto en la historia de la aviación, lo que protege la rentabilidad, pero al mismo tiempo frena el crecimiento del sector, retrasa la mejora de la eficiencia del combustible y ralentiza la descarbonización de la flota mundial. A ello se suman las alteraciones relacionadas con el cambio climático, como fenómenos meteorológicos extremos y volatilidad en los precios de las materias primas, en un contexto donde alcanzar las cero emisiones netas de carbono para 2050 requiere políticas estables y financiamiento fiable.

El informe también alerta sobre el aumento de las ciberamenazas y los riesgos asociados a la inteligencia artificial, cuya convergencia con la inestabilidad geopolítica y la dependencia digital expone a la aviación a disrupciones sistémicas. En el plano macroeconómico, la IATA prevé que el dólar estadounidense continúe depreciándose en 2026, un factor relevante para un sector donde más del 50 % de la base de costos se factura en dólares, mientras que la presión a la baja en los precios del petróleo representa una buena noticia para las aerolíneas. No obstante, Owens Thomsen subraya que “este no es un entorno especialmente favorable para el crecimiento”, aunque recuerda el valor estratégico del sector: incluso sin cuantificar todos sus efectos dinámicos, la aviación sustenta 87 millones de empleos y el 4 % del PIB mundial, demostrando que “el transporte aéreo no se trata solo de volar, sino de impulsar el progreso”.

Fuente: Informe Aéreo

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