Las obras en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, un proyecto que contempla inversiones por US$ 100 millones, inhabilitará los vuelos de widebodies entre el 25 de octubre y el 11 de noviembre, lo que provocará inevitablemente un cuello de botella para el comercio exterior argentino.

Los trabajos abarcan mejoras en la intersección de la pista principal con la secundaria 17-35, y reducirán la extensión operativa de 3300 a 1850 metros, lo que provoca la expulsión temporal de servicio de los aviones de fuselaje ancho (widebodies), que quedan logísticamente incapacitados para despegar con su peso máximo. Como resultado directo, una docena de aerolíneas internacionales decidieron pausar sus servicios o directamente cancelar la venta de bodegas desde Buenos Aires durante esos 18 días.

Suspensiones

Lufthansa y Swiss suspendieron de lleno sus conexiones con Frankfurt y Zúrich. A ellas se suma el apagón comercial de las tres grandes norteamericanas (American, Delta y United), junto a Air Canada, Turkish Airlines, Emirates, Air France KLM, British Airways, Ethiopian Airlines y China Eastern. Para mitigar el impacto, operadores como Aerolíneas Argentinas e Iberia optaron por insertar tech stops de reabastecimiento en Río de Janeiro y Montevideo.

El megaproyecto aeroportuario promete sumar una terminal de courier de 12.000 metros cuadrados y ampliar el área de exportación de perecederos, llevando el espacio de temperatura controlada de 4500 a casi 7000 metros cuadrados. Sin embargo, la transición está exponiendo la vulnerabilidad estructural de la matriz logística del país.

Contingencia

Ejecutivos del sector forwarder consultados por The Loadstar aseguran estar buscando alternativas, pero advierten que los planes de contingencia son frágiles. Mientras que Córdoba y Montevideo operaron como desvíos cuando Ezeiza cerró por niebla, Rosario carece de los equipos necesarios para el manejo de carga pesada, y la conexión vía Uruguay choca con la incapacidad del servicio de ferry para transportar camiones.

Peter Cerdá, vicepresidente de IATA para las Américas, apuntó contra la falta de planificación integral en la región. El ejecutivo acusó a los operadores aeroportuarios de Lima, Bogotá y Santiago de haber privilegiado los proyectos para pasajeros en detrimento del throughput de carga, e instó a reducir los obstáculos operativos y optimizar las condiciones para fortalecer la posición competitiva del sector.

El efecto cascada en el transporte marítimo

La caída en la oferta aérea hacia Norteamérica —que ya arrastraba una baja interanual del 7,4% en la capacidad de asientos durante el verano— se combina con un mercado marítimo de fiabilidad decreciente. Tras meses de mejora, el servicio marítimo desde Sudamérica hacia el norte del continente comenzó a mostrar grietas significativas.

Según el último reporte Global Liner Performance de Sea-Intelligence Maritime Analysis, las disrupciones logísticas operan en ambos sentidos.

Como contramedida operativa para proteger cadenas de valor sensibles, Maersk desplegó recientemente un servicio piloto de cold chain desde Chile hacia la región del Atlántico Medio y Sureste de Estados Unidos. La operativa ingresa por el puerto de Wilmington e integra la fumigación directamente en la terminal portuaria, una estrategia que reduce los sobrecostos de transporte inland y le otorga al importador un acceso más fluido a sus perecederos.

Fuente: Trade News

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