El sistema agroalimentario argentino enfrenta señales de alerta tras episodios recientes que afectaron exportaciones clave, con rechazos y suspensiones en mercados internacionales. Estas situaciones evidencian fallas en los controles sanitarios y ponen en tensión la confiabilidad del país en materia de calidad.

Entre los casos más relevantes, se destaca la suspensión de importaciones por parte de China a uno de los principales frigoríficos exportadores, junto con el rechazo de un cargamento de semillas de girasol en Europa. Ambos episodios están vinculados a incumplimientos en estándares sanitarios exigidos internacionalmente.

El organismo responsable de los controles, el SENASA, atraviesa un proceso de reducción operativa marcado por la salida de profesionales y limitaciones en su estructura. Esta situación impacta directamente en la capacidad de fiscalización en toda la cadena productiva.

Menor capacidad de control y efectos en el comercio exterior

El debilitamiento del sistema se refleja en la disminución de personal técnico y en el aumento de tareas concentradas en menos agentes. En los últimos años, la planta de trabajadores se redujo significativamente, generando sobrecarga laboral y menor cobertura en áreas críticas.

Como consecuencia, algunos controles comenzaron a aplicarse de manera más limitada o aleatoria, especialmente en puntos sensibles como fronteras y procesos de verificación. Esta dinámica incrementa el riesgo de que productos no aptos superen los filtros sanitarios establecidos.

El impacto ya se traduce en medidas concretas de mercados internacionales, que exigen estándares cada vez más estrictos y reaccionan con rapidez ante incumplimientos. Estas decisiones generan pérdidas económicas y afectan la competitividad de las exportaciones argentinas.

Casos recientes que encendieron las alarmas

Uno de los episodios más relevantes fue el rechazo en Bulgaria de un cargamento de girasol por niveles elevados de residuos químicos. Las sustancias detectadas superaban ampliamente los límites permitidos por la normativa europea, lo que derivó en la calificación de incumplimiento del envío.

En paralelo, China suspendió las importaciones de carne provenientes de un frigorífico argentino tras detectar la presencia de un antibiótico prohibido en el comercio internacional. Esta decisión obligó a gestiones diplomáticas urgentes para intentar revertir la medida.

Ambos casos reflejan debilidades en los controles sanitarios y generan preocupación por posibles efectos en otros envíos en curso. Además, podrían derivar en mayores exigencias para todos los productos provenientes del país.

Riesgos sanitarios y pérdida de confianza internacional

El deterioro del sistema no solo impacta en las exportaciones, sino que también plantea riesgos para el mercado interno. La reducción de controles podría facilitar la circulación de productos no aptos para el consumo dentro del país.

A nivel internacional, el contexto es cada vez más exigente, con regulaciones más estrictas en trazabilidad y control de residuos. En este escenario, cualquier falla puede derivar en rechazos, mayores costos logísticos y pérdida de mercados estratégicos.

La situación también afecta la reputación del país en materia sanitaria, un factor clave para sostener exportaciones en el sector agroindustrial. La pérdida de confianza podría tener consecuencias estructurales en uno de los principales motores de ingreso de divisas.

Fuente: Diario Neuquino

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