La combinación de subas en el diésel, tensiones geopolíticas y cambios en los flujos comerciales reconfigura el escenario operativo del transporte por carretera a nivel global
El transporte de cargas por carretera enfrenta un escenario de creciente incertidumbre y presión sobre sus costos operativos, impulsado por la volatilidad energética y las disrupciones en el comercio internacional. La reciente escalada del conflicto en Medio Oriente, junto con el impacto en el suministro global de petróleo, está generando efectos directos sobre el precio del diésel, uno de los principales componentes de costo del sector.
En este contexto, los mercados energéticos registraron fuertes fluctuaciones en los últimos días, con el crudo Brent moviéndose entre los 120 y los 106 dólares por barril, mientras persisten restricciones en rutas clave como el estrecho de Ormuz.Esta situación redujo drásticamente el tránsito marítimo y tensionó las cadenas de suministro globales, impactando de forma directa en la logística internacional y en los tiempos de entrega.
Costos en alza y presión sobre la operación
El encarecimiento del combustible ya se traduce en aumentos significativos en distintas regiones. En Estados Unidos, el diésel subió un 41% desde el inicio del conflicto, mientras que en la Unión Europea el incremento ronda el 30%, con valores superiores a los 2 euros por litro en varios países.
Este escenario tiene un impacto directo en la estructura del transporte: el combustible representa cerca de un tercio de los costos operativos del sector, lo que vuelve a los operadores altamente sensibles a cualquier variación en el precio. Según el informe de la IRU, la suba del diésel en Europa alcanzó aproximadamente el 20% en pocas semanas, elevando tarifas y reduciendo márgenes en un mercado ya ajustado.
A esto se suma la presión sobre insumos críticos como el AdBlue, cuyo precio global aumentó hasta un 93%, generando riesgos de escasez y posibles restricciones operativas. En vehículos Euro 6, la falta de este insumo implica directamente la imposibilidad de circular, lo que podría reducir la capacidad disponible y generar aumentos adicionales en las tarifas de transporte.
En paralelo, los operadores enfrentan un contexto de costos crecientes también por factores estructurales: escasez de conductores, menor renovación de flotas y nuevas regulaciones ambientales. El informe de la IRU advierte que el sector entra en 2026 con un entorno de alta volatilidad y menor previsibilidad, donde la planificación operativa se vuelve más compleja.
Reconfiguración de flujos y desafíos logísticos
Más allá del impacto inmediato en los costos, la crisis energética está acelerando cambios en la configuración de las cadenas logísticas. Las interrupciones en rutas marítimas clave están obligando a redirigir flujos comerciales, lo que puede derivar en un aumento de la demanda en corredores terrestres y regionales.
En este sentido, el transporte por carretera aparece como un actor clave para absorber parte de estas redistribuciones, especialmente en tramos intra-regionales. Sin embargo, esta oportunidad convive con un escenario de menor crecimiento económico global: estimaciones indican que el aumento sostenido de los precios de la energía podría afectar la demanda de transporte y reducir el dinamismo del comercio.
El informe también señala que los flujos logísticos tienden a fragmentarse, con un mayor peso de operaciones regionales frente a cadenas globales más extensas. Esto podría impulsar procesos de relocalización productiva y fortalecer el rol del transporte terrestre en la distribución de mercancías dentro de distintas regiones.
A nivel operativo, la eficiencia se posiciona como el principal factor para sostener la competitividad. Indicadores como la reducción de viajes en vacío, la optimización de rutas y el aumento de la carga útil se vuelven determinantes para mejorar la productividad logística y compensar el impacto de los costos. Actualmente, cerca del 20% de los trayectos en Europa se realizan sin carga, lo que evidencia un margen relevante de mejora.
Impacto en América Latina
En América Latina, el impacto se observa principalmente en los costos logísticos y en la dependencia del mercado energético global. En Brasil, el precio del diésel registró subas cercanas al 24% en los últimos días, incluso pese a medidas fiscales orientadas a contener el alza, como subsidios y reducción de impuestos.
Este comportamiento refleja cómo la región continúa expuesta a la dinámica internacional de los combustibles, con efectos directos sobre las tarifas y la estructura de costos del transporte. A diferencia de otros mercados que lograron amortiguar parcialmente el impacto mediante políticas más agresivas, en América Latina la volatilidad de precios sigue trasladándose con mayor rapidez a la operación.
En este escenario, el transporte de cargas enfrenta un equilibrio complejo: por un lado, mayores costos y restricciones operativas; por otro, nuevas oportunidades derivadas de la reconfiguración del comercio global. La evolución del conflicto, la respuesta de los gobiernos y la dinámica de los mercados energéticos serán factores clave para definir el rumbo de la logística internacional en los próximos meses.
Fuente: MOVANT LOGCOMEX

